El Martillo de Dios (God’s Hammer) – Arthur C. Clarke

En esta novela de ciencia ficción, la Humanidad ya vive en el año 2109 y ha ido avanzando a pasos agigantados:  ya se ha logrado conquistar la Luna y Marte colonizándolos, y en muchos aspectos se ha logrado unificar a los seres humanos.

En esa época ya se cuenta con una religión que sintetiza las mayores religiones del Mundo llamada ahora “Crislamismo”, las fronteras se han eliminado y en lugar de países ahora existen conglomerados de estados como la Mancomunión de Estados Norteamericanos, el lenguaje incluso se ha unificado.    La Tierra se ha desmilitarizado, y el derrumbe del Comunismo y del Capitalismo señala una nueva Era.  El Banco Mundial ha aplicado exitosamente la Teoría del Caos rompiendo el antiguo ciclo de prosperidad y recesión dando como resultado una economía terrestre estable.

Por otro lado los individuos son más libres, por ejemplo, viven ahora en su FullerHogar (o Fuller Home), residencias móviles que tienen la capacidad de viajar de forma ilimitada y son autosustentables: producen su propio combustible, agua y alimentos, además de estar totalmente equipadas y comunicadas, en pocas palabras permiten viajar indefinidamente en la Tierra.

El Martillo de Dios

En este escenario de avance tecnológico, social y hasta espiritual, la Humanidad se encuentra con el hecho de que un asteroide de grandes dimensiones -1,295 metros de longitud por 656 metros en su anchura mínima- colisionará con la Tierra, en fecha y hora específicas: 241 días, 13 horas y 5 minutos con un margen de error de +- 20 minutos.   ¿Qué debe hacer la Humanidad?  ¿Cómo librarse de ello?  ¿Cómo hacer las paces con tus demonios internos ante el fin inminente?

Este asteroide adopta el ominoso nombre de Kali, que además, había sido localizado por un observador amateur desde Marte, no por los grandes telescopios y costosas inversiones de los observatorios Terrestres, Selenitas y Marcianos.  No pudo ser detectado fácilmente porque era de un material carbonoso, que no reflejaba luz, y la posición privilegiada de este habitante de Marte le permitió apreciarlo.

Se intenta todo: desde emitir una pulsación de sonido con una arma poderosa que se tenía ya construida, hasta el sembrar un explosivo en el asteroide, pasando por el intento de desvío de trayectoria del asteroide.  Envían a su nave más avanzada para esos menesteres, la Goliath, con sus mejores científicos y tecnologías.  ¿Lograrán vencer al asteroide?

Asteroide

El impacto esperado de un objeto de esta naturaleza se calcula en mil millones de veces la bomba que destruyó Hiroshima, o dos millones de millones de toneladas de materia chocando a miles de kilómetros por hora de velocidad.  Si el impacto fuese en Tierra se vaporizarían miles de kilómetros a la redonda…si fuese en el Mar, se levantarían olas de kilómetros de altura, destruyendo todo a su paso.  Y la pregunta necesaria….¿envidiarían los pocos sobrevivientes a los muertos después de dicha colisión?  Interesantes planteamientos que culminan en un final inesperado.

“Kali 2 entró en la atmósfera inmediatamente antes que saliera el Sol,
cien kilómetros por encima de Hawaii. Al instante, la gigantesca bola de
fuego creó un falso amanecer en el Pacífico, despertando las formas de
vida silvestre de sus innumerables islas. Pero pocos seres humanos…
no muchos estuvieron durmiendo esta noche de las noches, salvo
aquellos que habían buscado el olvido que dan las drogas.

Sobre Nueva Zelanda, el calor del horno que estaba en órbita incineró
bosques y fundió la nieve de las simas montañosas, desencadenando
avalanchas en los valles que estaban abajo. Debido a una gran buena
suerte, el principal impacto térmico se produjo sobre la Antártida, el
único continente que lo podría absorber mejor. Ni siquiera Kali pudo
arrancar todos los kilómetros de hielo polar, pero el Gran Deshielo iba a
modificar los litorales de todo el mundo.

Nadie que hubiera sobrevivido al cirio podría describir jamás el sonido
del paso de Kali; ninguna de las grabaciones fue más que un débil eco.
La cobertura de televisión fue, por supuesto soberbia, y se habria de
mirar con temor reverencial durante las generaciones venideras. Pero
nada podría compararse jamás con la temible realidad.”

En este libro Clarke señala eventos reales sucedidos en diversas épocas: el asteroide de Tunguska en 1908 (http://www.google.com.mx/search?q=tunguska&hl=es&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ei=0xBVUcPFC4n-iQKTm4CQCw&ved=0CEQQsAQ&biw=1280&bih=656&sei=8RBVUZC6BaeaiAKjk4C4AQ), el más grande de que se tenga registro humano y que por fortuna solamente afectó una área poco habitada del Norte de Siberia, pero que dejó una destrucción de más de 80 millones de árboles.

El meteoro de Grand Teton del tamaño de una casa pequeña en las montañas Rocallosas, filmado en 1972 por una familia de excursionistas en ese parque natural, y del que se calcula una longitud de alrededor de 10 metros, mismo que a punto de llegar a suelo (57 kilómetros de altura) se desvía de nuevo hacia el espacio por ¿obra y gracia del destino?   Podría haber impactado con la fuerza de 5 bombas de Hiroshima.

Aún ahora -2013- hemos tenido la amenaza reciente de un meteorito de gran tamaño, de nuevo sobre Rusia:

Extinción global.

En su libro, Clarke nos recuerda el rol protagónico del físico y premio Nobel de origen Español Luis Alvarez (http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Walter_%C3%81lvarez), y de su hijo el geólogo Walter Alvarez, quienes descubrieron el impacto de un gran asteroide en la sonda de Campeche, en el Golfo de México, que destruyó casi en su totalidad la vida en la Tierra.

Su recuento de este último es electrizante:

Llegó en posición vertical, perforando un agujero de diez kilómetros de ancho a través de la atmósfera y generando temperaturas tan elevadas que el aire mismo empezó a arder. Cuando chocó con el suelo la roca se volvió líquida y empezó a fluir hacia afuera en forma de olas gigantescas, y no se solidificó hasta que hubo formado un cráter de
doscientos kilómetros de diámetro.

Ese no fue más que el comienzo del desastre…ahora comenzaba la verdadera tragedia.

Desde el aire empezaron a llover óxidos nítricos, convirtiendo el Mar en ácido.   Nubes de hollín provenientes de los bosques incinerados obscurecieron el cielo ocultando el Sol durante meses. 

Por todo el mundo la temperatura cayó bruscamente, matando la mayor parte de los vegetales y animales que habían sobrevivido al cataclismo inicial.   Aunque algunas especies habrían de demorar durante milenios su desaparición, el reinado de los grandes reptiles finalmente había terminado.

Se había vuelto a poner en hora al reloj de la evolución; la cuenta regresiva que llevaba hacia el Hombre había comenzado.

La fecha era, muy aproximadamente, 65.000.000 Antes del Presente.

Quizá una conclusión de todo ello podría ser: no podemos los seres humanos controlar eventos de esta naturaleza, por lo tanto no sabemos cuál es el tiempo que tenemos destinado a vivir en este mundo.  Lo que sí podemos hacer es vivir la vida plenamente a cada minuto, y cuando nos llegue el momento de partir no tener ningún pendiente, nada por realizar.

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Arthur C. Clarke

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2 respuestas a El Martillo de Dios (God’s Hammer) – Arthur C. Clarke

  1. rodrigo dijo:

    Excelentes comentarios y reflexiones. Saludos

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